Sigrid Victoria nos habla de los noseniqué

Entrevista realizada por g. m. sendán. Marzo 2015

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Las tardes en Santa Clara, como las de Buenos Aires, tienen «ese qué sé yo…», y aunque preferimos el son al tango, no dejan de ser agradables cuando encontramos a una escritora como Sigrid Victoria. Llegó para participar en nuestra Feria del Libro, pues la Editorial Sed de Belleza, publicó un nuevo libro suyo: «Abril». Allí, bajo el sol y la brisa de una tarde de finales de marzo, Sigrid Victoria me contó todas estas cosas que ahora comparto con sus lectores…

g. m. sendán: ¿Cómo surgieron esos personajes entrañables de tu libro?

S. V: Los noseniqué surgieron hace ya bastante tiempo, alrededor del año 2000. Por aquel entonces yo era muy jovencita, no había publicado nada, ni siquiera estaba segura de si me iba a dedicar en serio a escribir. El deseo existía, eso sí, desde los 12 años aproximadamente estaba escribiendo cuentos malísimos que no eran más que copias de los libros que me gustaban. Sin embargo, en ese momento estaba trabajando en los estudios de animación del ICAIC (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) y parecía que mi futuro estaba en el dibujo y no en las letras. No todo es lo que parece, por suerte, y terminé asistiendo a un taller literario, el «Espiral». Ahí nacieron los noseniqué, gracias a una broma.

Lo bueno de ser un escritor en ciernes y de reunirte con otros como tú es que la retroalimentación es constante. Estás creciendo en la profesión, ninguna idea es despreciable porque todavía no entiendes de corrientes literarias ni de intereses editoriales, haces amigos con los que intercambias con facilidad y sin miedo al plagio… En ese espíritu, hablando con el escritor Erick Mota (ahora un autor consagrado, pero en aquel entonces tan inédito como yo) le dije, criticando su postura: «Pareces un… no sé ni qué pareces…» Y él, siempre dispuesto a la broma, pasó la mano por su abrigo de rayas amarillas y comenzó a imitar al naturalista de un documental sobre animales: «El noseniqué macho, con su panza rayada de amarillo, se tiende al sol…,» etc. Y yo chasqueé los dedos, inspirada, y ahí mismo surgieron esos bichos cuya característica principal son las panzas rayadas.

g. m. sendán: ¿Te costó mucho trabajo ver el libro publicado?

S. V: El libro (y mi carrera como escritora, de paso) le debe la luz a las maravillosas personas que llenan mi vida. Lo empecé por un amigo, lo terminé por una amiga, Adriana Zamora, que amenazó retirarme su amistad si no lo concluía y lo enviaba al Premio La Edad de Oro. No ganó, ni siquiera una mención, pero quedó listo. Gracias a mi esposo, que dibujó los noseniqué para mí cuando yo no pude dibujar más por una enfermedad profesional, obtuvo el premio Calendario y su publicación. Mi decisión de probar suerte con ese premio fue algo muy súbito, respondiendo nuevamente a la presión, esa vez de parte de Alpidio, el presidente de la AHS en aquel entonces, que se quejó de que yo no participara en el concurso de la Asociación. Recuerdo que caía un aguacero torrencial, y mi esposo llegó empapado, protegiendo bajo la camisa la impresión de los ejemplares que iba a mandar al premio. «Vas a ganar,» me dijo, convencido. Y así fue.

Para mí resultó una sorpresa, estaba convencida de que me faltaba mucho por aprender antes de lograr escribir algo que mereciera un premio. Es curioso como ese convencimiento del camino por recorrer no ha cesado, sigo sintiéndome como una novata. Así que mi agradecimiento a los que tuvieron fe en mí, y en el jurado del premio, no ha disminuido. Los escritores que componían el jurado habían arrullado mis sueños de niña con sus cuentos, estaban en los libros de la escuela con los que aprendí a leer, y fue emocionante oírlos decir que su decisión sobre mi libro había sido unánime. Esteban Llorach, Julia Calzadilla y José Manuel Espino… gracias a ellos tuve la confianza suficiente para el siguiente paso, y todavía les estoy agradecida. Ojalá algún día llegue a parecerme a ellos.

g. m. sendán: ¿Estás satisfecha con la nueva edición de Obrador?

S. V: La redición a manos de Obrador trajo la satisfacción de recuperar un texto cuya primera tirada fue muy escasa. Además, lo vi en edición de tapa dura, con el tamaño y la calidad que siempre sueña el escritor de literatura infantil. Fue muy bueno para mi espíritu reencontrarme con mi primer texto, trabajarlo en función de su mejoría y recordar cómo me sentí mientras lo escribía, quiénes son los amigos que dieron pie a cada noseniqué o vayaustedasaber, sus comportamientos, palabras y sueños de aquel entonces… Regresar a esas páginas siempre será bonito para mí.

g. m. sendán: ¿Este es un libro «raro» en tu producción literaria o forma parte de una «poética»?

S. V: No puedo decir que este libro sea raro en mi obra, aunque sí es especial. Después del primer proceso editorial no volví a escribir de aquella forma tan libre, ya había una responsabilidad hacia esos lectores potenciales. Empecé a pensar en cómo decía las cosas, en no herir susceptibilidades, en fin… Sigo escribiendo para niños y jóvenes, mantengo el espíritu humorístico y ligero (creo yo) con que narré las historias de los bichitos de las rayas, pero creo que la experiencia «noseniqué» fue irrepetible, y no he intentado volver a ella para no forzarla ni estropear su recuerdo. Por eso, no hay una segunda parte planeada para los seres de Valle Medio. Quizás, si un día mi hijo o mis nietos me lo piden, mirándome con grandes ojos soñadores… pero no por el momento. Para mí, la puerta de la casa siempre llena se cerró con un alegre chasquido, y no he vuelto a tocar a ella.

 

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