«La lectura y el desarrollo humano»

Fernando Vásquez Rodríguez.

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«El desarrollo humano es un proceso inacabado, un proyecto siempre en permanente ejecución. Lo propio del desarrollo, y más tratándose de seres humanos. Es una condición de búsqueda, de Odisea sobre sí mismo. Con cada experiencia, a partir de cada peripecia, los seres humanos van incorporando un mayor grado de conciencia, se van tornando seres distintos a su condición natural primigenia. Y en este llegar a ser humano, en el sentido de cumplir una promesa o desplegar una posibilidad, la lectura puede servir de medición privilegiada o, sí se prefiere, puede contribuir de manera significativa en la formación del hombre.

Para argumentar la anterior tesis, comencemos por señalar el alcance de la lectura en cuanto ‘dispositivo para ponernos en contacto con lo que está más allá de nuestro cercano campo de acción’. Gracias a la lectura trascendemos nuestra inmediatez tanto física como espiritual. La mediación ofrecida por la lectura consiste en servirnos de puente para ir más allá de nuestros limitados territorios y ponernos en contacto con otras zonas, con otros escenarios. La lectura jalona nuestra forma de ser y de penar hacia ese continente inmenso de lo desconocido. Leer, entonces, nos capacita para convertirnos en seres humanos sin fronteras. Por la lectura nos sabemos hijos de más de una patria, como ciudadanos del mundo, nos capacitamos para entender lo ecuménico, lo plural, lo diverso, lo distinto. Para decirlo de otra manera, leer desarrolla en nosotros una actitud y una disposición de tolerancia hacia lo extraño.

De otra parte, y como consecuencia del anterior punto, ‘la lectura tonifica en los seres humanos la fantasía y la imaginación’. Con la lectura desarrollamos la capacidad para hacer presente lo ausente, dotamos a nuestro ser de levedad, aprendemos a fabricar sueños, mitos, símbolos. La lectura agrega a nuestros órganos, a nuestro cuerpo finito, una segunda piel, otros sentidos. Nos hace más aptos para superar ciertos condicionamientos, nos afina algunos comportamientos atávicos y nos dispone los labios para entonar una plegaria, un canto o la siguiente historia de la deliciosa Sherezade. Con la lectura los seres humanos hemos podido construir mundos intangibles, insondables, imposibles, infinitos. La lectura nos conforma como seres metafóricos, capaces de formar parte de las mismas estrellas.

Otro aspecto vigoroso en la lectura es ‘la fuerza que posee para fisurar o socavar nuestras ignorancias’. La lectura ha sido un disolvente de miedos y tabúes, de temores infundados y prejuicio consuetudinarios. Al leer, descubrimos que muchas de nuestras repugnancias o nuestras inseguridades pueden ser superadas; que nos es posible traspasar las opiniones más comunes, así como liberarnos de opiniones impuestas. La lectura emancipa nuestro pensamiento de muchas esclavitudes; es como una especie de manumisión para el conocimiento. Dicha acción libertaria de la lectura puede ayudarnos también a comprender su papel democratizador del saber en cualquier sociedad. La alfabetización tiene profundas implicaciones, en cuanto a la participación o la negación de oportunidades. Leer, entonces, es adquirir nuevos útiles para horadar barreras de discriminación.

Y hay más argumentos. ‘La lectura es un aprestamiento inigualable para la conversación, el trato, las habilidades sociales’. Con la lectura nos hacemos de una provisión de temas y de asuntos, de cuestiones o motivos a partir de los cuales no es fácil entrar a establecer puentes de comunicación con los demás. La lectura, desde esta perspectiva, nos prepara para el diálogo; es una clave de nuestro desarrollo humano en cuanto que necesitamos de otro para acabar de completar nuestra personalidad. Desde luego, ya leer es de por sí, ponernos en comunión con alguien distinto a nosotros; pero, y esto es lo más importante, la lectura hace que nuestra individualidad requiera de apetitos de camaradería: contar, compartir, charlar, discutir, debatir…, son más placenteros y más provechoso cuando hay un caudal de lectura que le sirve de reserva o caldo de cultivo. La lectura, aunque es un acto esencialmente solitario, nos incita a la compañía. Leer: ejercitar para lo fraterno.»

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