Vida y obra de Dulce María Loynaz

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Dulce María Loynaz es considerada como una de las principales figuras de la lírica cubana y universal. Fue merecedora del premio Miguel de Cervantes en el año 1992.

Dulce María de las Mercedes Loynaz Muñoz nació en La Habana el 10 de diciembre de 1902. Como dato curioso les comentamos que junto a sus hermanos Enrique, Carlos Manuel y Flor, (también herederos de gran sensibilidad artística) crecieron en un ambiente de celoso enclaustramiento y lujo, no asistieron a escuela alguna en su infancia, ni publica ni privada, los primeros estudios que realizó en una institución fue en la Universidad de la Habana, donde se graduó de Doctora en Leyes en la década del 20, profesión que si bien no era su vocación ejercer mantuvo hasta 1961, siempre atendiendo asuntos familiares. Fue reconocida como profesional del derecho recibiendo en 1944 la desaparecida Orden González Lanuza, conferida a aquellos que en esta rama aportaron los frutos de sus estudios y experiencias, siendo la primera mujer en recibirla.

Publicó sus primeros poemas en La Nación cuando contaba con 17 años, período en que también visitó a los Estados Unidos. A partir de esa fecha realiza numerosos viajes por Norteamérica y casi toda Europa. También incluyeron visitas al Medio Oriente. Su viaje a Egipto, afectó especialmente a la poetisa que luego de visitar el museo de Luxor y ver la tumba de Tutankamón escribiría una carta lírica y de profunda connotación romántica al desaparecido faraón.

Visitó México en 1937, varios países de América del Sur entre 1946 y 1947 y las Islas Canarias en 1947 y 1951, donde fue declarada hija adoptiva.

Entre sus primeras publicaciones se encontraban: «Invierno de almas» y «Vesperal»; en dicha publicación aparecieron otros textos entre 1920 y 1938. En 1947 publicaría «Juegos de agua», libro de poemas, y a partir de 1950 el editor español se interesa por su obra publicando varios de sus trabajos. De esta época, específicamente de 1951, data la publicación de «Jardín». Le seguirían: «Carta de amor al rey Tut-Ank-Amen» 1953, «Poemas sin nombre» 1958 y «Un verano en Tenerife», (libro de viajes); según la autora: «lo mejor que he escrito». Entre otras cosas porque la poetisa en su primer viaje quedó prendada y llegó a adoptar a España como su segunda patria. Y cierto es también la gran acogida de su obra que tuvo en este país. En 1950 publicaría además crónicas semanales en El País y Excélsior.

También colabora en Social, Grafos, Diario de la Marina, El Mundo, Revista Cubana, Revista Bimestre Cubana y Orígenes, muchas veces como colaboraciones a su esposo Pablo Álvarez de Cañas. Dentro de su prosa es de vital importancia destacar su libro «Fe de Vida», obra autobiográfica y centrada fundamentalmente en dar a conocer el, hasta por el momento para muchos invisible, Pablo Álvarez de Cañas, su segundo esposo y quien fuera figura relevante en círculos sociales de La Habana en su época.

Su novela «Jardín» fue escrita entre 1928 y 1935 y publicada en España en 1951. En la novela se aprecian recursos característicos del Realismo mágico, elemento imprescindible a la hora de analizar la obra si se tiene en cuenta además que fue escrita entre la segunda y tercera década del siglo XX, adelantándose así a la mayoría de los escritores que explotaron este discurso narrativo en décadas posteriores. Aunque con respecto a «Jardín» todo es polémico, hay que reconocer que los elementos estilísticos utilizados por la autora han ubicado a esta novela como precursora de la actual novelística hispanoamericana.

Sobre la novela dijo Gabriela Mistral:
«Para mí, leer ‘Jardín’ ha sido el mejor ‘repaso’ de idioma Español que he hecho en mucho tiempo

Dulce María Loynaz heredó de su padre Enrique Loynaz del Castillo, quien fuera poeta y General del Ejército Mambí, el sentido cubanísimo de su existencia. También su madre ocupó un espacio decisivo en su vida y en su esmerada educación.

En la vida de Dulce María se entrecruzaron importantes personalidades cubanas y universales, entre los que se encontraron su propio padre, Ignacio Agramonte y Loynaz, la poetisa Gertrudis Gómez de Avellaneda, Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Juan Ramón Jiménez, la poetisa uruguaya Juana de Ibarbourou, entre otros importantes intelectuales de la época.

En su casa, en Calzada 19 y E, en El Vedado, donde actualmente se encuentra el Centro Cultural Dulce María Loynaz, se hacían reuniones de intelectuales del ámbito nacional y extranjero, como le llamaron en su época «Aristocracia del conocimiento».

A raíz del triunfo de la Revolución cubana en 1959, la poetisa se auto-aisló de la vida social durante largo tiempo en su casona de El Vedado, pero más que su naturaleza fue su actitud apolítica, lo que le caracterizó a partir de ese momento, lo que le costó el desconocimiento en su propia tierra. Recibió numerosas ofertas de España y EE.UU. pero nunca abandonó su país, quizás por ser la hija de un general del ejército libertador.

Sus últimas publicaciones fueron «Poemas escogidos», de 1985, «Bestiarium» y «La novia de Lázaro», ambos en 1991. La Diputación de Cádiz publicó, además, en 1992, «Poemas náufragos», y la editorial Espasa Calpe una amplia antología de su obra. Igualmente en 2001 un joven investigador cubano actualmente radicado en la República Mexicana, Roberto Carlos Hernández Ferro, publica con la editorial habanera Extramuros, una selección de poemas casi desconocidos de la Loynaz, considerados sus primeros textos, que se encontraban dispersos en prensa periódica de la década del veinte. Esta selección se agrupó bajo el título de «El áspero sendero», nombre que también corresponde al primer poema de dicha selección, en la cual con notable valor exegético el compilador aclara en su prólogo la correcta fecha de publicación del sonetario «Diez sonetos a Cristo», en el diario La Nación, abril de 1920 y no en el año 1921 en la Revista de la Asociación Femenina de Camagüey, como se había manejado hasta entonces.

En la década de los sesenta el pianista pinareño José Antonio Martínez de Osaba, comenzó a interesarse por la vida de Dulce María Loynaz y hacer averiguaciones sobre el paradero de la poetisa. Algunos decían que la misma había partido al extranjero con su esposo Pablo Álvarez de Cañas, otros que aún vivía en La Habana, pero no sabían exactamente dónde fijar su residencia. Algunos aseguraban que había fallecido. Luego de una tenaz búsqueda dio con el paradero de la Loynaz en el año 1969 y mediante una amplia correspondencia y visitas periódicas lograron una gran amistad; fue el primer acercamiento de la escritora con las tierras de Vueltabajo. Sin embargo quien sellaría los lazos de amistad entre la poetisa y Pinar del Río fue el historiador Aldo Martínez Malo, que la conoció en 1971 y con quien también mantuvo una amplia correspondencia que luego sería recogida en el epistolario «Cartas que no se extraviaron». En Pinar del Río recibió numerosos reconocimientos, tanto a ella como a sus hermanos. En 1990, luego de haber donado su biblioteca personal, la cual atesora importantes títulos, muchas ediciones príncipe, y obras dedicadas por sus autores, funda en la ciudad de Pinar del Río el «Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura Hermanos Loynaz». También en esta provincia se celebró el encuentro iberoamericano sobre su vida y obra.

Dulce María Loynaz asistió en 1953, invitada por la Universidad de Salamanca, a la celebración del VII Centenario de la Universidad. En 1959 fue elegida miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, presidió desde 1992 hasta el momento de su muerte la filial cubana de esa institución.

Durante su vida recibió gran cantidad de premios y honores; entre otros se destacan el Premio Cervantes en 1992, la gran cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio en 1947, y el nombramiento de dama de la Orden de Isabel la Católica. En Cuba recibió la orden cultural Félix Varela y el Premio Nacional de Literatura. Entre otros.

El 15 de abril de 1997 es homenajeada en su residencia por el Centro Cultural de España en La Habana por el 45º aniversario de su obra «Jardín». Siendo ese mismo día internada en el hospital en muy delicado estado de salud. Falleció el 27 de abril de 1997, a los 94 años de edad, sin dejar descendencia alguna ni ella ni ninguno de sus otros tres hermanos. Fue sepultada en el panteón familiar la mañana del día 28, presunta fecha del cumpleaños de su fallecido esposo Pablo Álvarez de Cañas. Asistieron importantes figuras del ámbito cultural y político cubano, así como representantes de la Iglesia Católica, pero fundamentalmente estaba su pueblo, para decirle el último adiós a la poetisa, mientras de fondo se escuchaba su propia voz en los altavoces, declamando parte de la obra que la hizo merecedora del Premio Cervantes (Nobel de las letras hispanas).

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